Aqui reproduzco un relato que escribi hace años, la situación afortunadamente ha cambiado mucho en nuestro país, pero quedan aún, aqui y en otros lugares muchas "Marujas" ¿Conoceis alguna? 

 

MARUJA

 

Al salir del colegio y llegar a casa debía ayudar a su madre en las tareas de la casa, atender al hermano pequeño, limpiar los zapatos, ir a buscar el pan o la leche, mientras su hermano, algo mayor que ella, repasaba las lecciones del colegio, hacia los deberes o jugaba con los amigos.

 

Los amigos de su hermano mayor eran unos héroes lejanos y despóticos que la miraban de reojo mientras ella les abría la puerta y anunciaba su llegada. En ocasiones alguno de ellos aprovechaba la estrechez del pasillo para rozarla al desgaire...

 

Los Reyes le traían cocinitas y muñecas. A su hermano mecanos y pelotas.

 

La carta que cada año envió a los Reyes explicando lo buena que era y pidiendo un tren eléctrico, no llegó nunca a sus majestades.

 

A los catorce años dejó la escuela y entró de aprendiza en la peluquería del barrio. Estuvo tres años lavando cabezas y barriendo la tienda. Luego aprendió a poner rulos. Al principio no la dejaban hacer permanentes ni cortar el pelo, era solo la aprendiza.

 

En el barrio, en la misma acera de la peluquería, conoció a Clemente. Trabajaba de mecánico en un taller de automóviles. Se ruborizaba cada vez que pasaba delante del taller y él  le decía piropos,

 

            "Que buena estas, Maruja"

            "Te voy  a dar un repaso al carburador"

 

Salieron juntos. Fueron al cine, a la fila de los mancos. Sesión continua; palomitas y magreo entre las butacas. Él tenía unas manos ásperas y grasientas. Las de Maruja de uñas pintadas y dedos hinchados, estrechaban las de Clemente o las apartaba de cuando en cuando.

 

Se casaron cuando el regreso de la mili. Tenían un piso en él barrió, Y una hipoteca. Y letras firmadas por los dos. La lista de bodas les ayudo a "poner la casa" y decorarla.

 

Maruja siguió trabajando aún después de quedarse embarazada, y después de tener al primer niño, y después de la nena y después del tercero...

 

Clemente iba al fútbol los domingos. Maruja se quedaba en casa planchando la ropa y arreglando la casa, pues durante la semana no tenía mucho tiempo. Además tampoco la gustaba el fútbol. Su hija la ayudaba mientras el nene estudiaba.

 

En el DNI de Maruja se leía: Profesión "Sus labores".

 

El taller donde trabajaba Clemente cerró, y Clemente se apuntó al paro.

 

Con la capitalización del despido Clemente quiso poner un taller. Maruja quería una peluquería.

 

Pusieron un taller. Volvieron a hipotecar el piso. Maruja firmó otro montón de letras.

 

Clemente no tuvo suerte en el taller. La nena ya ayudaba en casa y en la peluquería. Quería ser modelo, pero entro de aprendiza a lavar cabezas en la peluquería.

 

Maruja tenía las piernas pesadas. Las varices. Horas y horas de pie peinando y hablando con las clientas.

 

Su lectura favorita era él HOLA y el DIEZ MINUTOS. Cuando en la peluquería retiraban los números atrasados se los llevaba a casa,  para leer enteras las revistas que tanto habían comentado en la peluquería.

 

Las varices eran cada vez más dolorosas. La mujer de un médico, que era clienta de toda la vida, le recomendó que fuera a la consulta de un especialista.

 

Clemente le dijo que esperara un poco, faltaban aún varias letras. El también se encontraba algo fastidiado del reuma, y el chico estaba en la mili.

 

Fue al médico del Seguro. Él médico la envío al especialista. El especialista le encargó unos análisis. Después radiografías. Después fue al Hospital. Había lista de espera. Seis meses.

 

Estaba haciendo unas mechas a Doña Enriqueta cuando tuvo la flebitis. La internaron de urgencias. Era sábado. Estuvo tres horas en una camilla, esperando en los pasillos.

 

Cuando Clemente acudió al hospital le pidieron que llevara la documentación y la Cartilla del Seguro.

 

"Tenían que haber venido antes. No hemos podido hacer nada"

 

En la peluquería colocaron un letrero y cerraron una mañana para acudir al entierro. Entre las compañeras del trabajo y las clientas de siempre le compraron una hermosa corona.

 

            "Siempre te recordaremos, MARUJA"

 

 

Con motivo del día de la Mujer trabajadora,

En homenaje a tantas Marujas anónimas