Circulaba por una rotonda, ese descubrimiento mágico que, como tantas cosas vino de Francia para enredarnos la vida, cuando tras señalizar mis intenciones, inicie el cambio de carril para salir de la rotonda.

¡Jamás lo hiciera!

Un coche de auto escuela, conducido por un china con cara de susto, embistió a mi coche por la derecha.

Intentando poner cara de poker conduje, como pude y aparque en el lateral. Inmediata mente del coche contrario¿Puedo llamarle contrario? asomo un recio y añoso personaje, como por ensalmo.

¡El profesor de la auto escuela!

Presencie asombrada el eclipse de la mujer oriental suplantada por el experimentado profesor.

¡No conducía una novata!

¡Conducía el! ¿Y quien se atrevía a dudar de su experiencia y pericia?

Yo no, desde luego.

Rápidamente extrajo de una cartera el parte "amistoso" de incidencias, firmamos los dos al pie, y ahí se acabo todo.

Bueno, todo no.

Mi coche esta en el taller, sufriendo una operación de cirugía estética.

A la china tuvieron que darle una manzanilla, de hierbas, para que se repusiera.

Y los dos experimentados conductores, el profe de la autoescuela y yo llegamos a dos conclusion prácticamente idénticas.

Si tenemos seguro, no hay necesidad de partirse las caras, y la otra conclusión es que las rotondas estan instaladas para que los talleres de plancha y las aseguradoras continúan haciendo negocio