Un país que puede tener armas atómicas, enviar satélites al espacio, o aeronaves a la luna, puede decirse que se encuentra entre las naciones poderosas, ricas. Autosuficientes.

Esa sería, ese es un razonamiento obvio, pero quizás lo sea menos si decimos que esa misma nación, capaz de semejantes retos, es incapaz de atajar las desigualdades sociales de sus habitantes, de escolarizar a sus niños, de dar un trato de igualdad a sus ciudadanos.

La India es primera plana en los medios de comunicación por el reto asumido de colocarse al mismo nivel que Estados Unidos, o la URSS, actual RUSIA.

Es bien cierto que en estos otros países la situación social no es perfecta, pero la estampa de la India, con sus castas, sus orfanatos, sus misiones, y su miseria callejera es incompatible con la de una potencia que gasta recursos y más recursos en asaltar el espacio.

Podría pensarse, y así lo intento, que el desarrollo alcanzado en determinados campos arrastra tras de si a otros sectores industriales, quizás sea cierto.

Que ese maravilloso y bello, y rico, si rico país sea capaz de alcanzar las estrellas sin haber alcanzado una mínima igualdad entre sus habitantes me continúa pareciendo escandaloso.