La primera vez que vi aquella casa fue para mí una revelación. Supe que me estaba destinada, aún desde antes que yo naciera, por que sus piedras, piedras de lava rojiza, me llamaban con la fuerza cósmica que latía inmóvil en cada uno de sus núcleos, antaño ígneos, y ahora sedentes.
¿Por que tome aquella senda de las boscosas colinas?
Sería muy simple decir que fue una casualidad...
Bien de alguna manera hay que llamarlo,
Aquel día llegue a Olot, con la idea de visitar a una vieja conocida, que estaba residiendo ocasionalmente en los alrededores de la capital de la Garrotxa, en una urbanización próxima, asentada en una colina una de tantas colinas volcánicas que rodean el núcleo antiguo de la vieja ciudad.
Las indicaciones recibidas de Carmen, me señalaban que debía de tomar la carretera de Santa Pau, y al poco de salir de Olot girar en una de las primeras desviaciones a la izquierda,
La belleza del paisaje debió de despistarme, o bien no me fije bien en el camino, lo cierto es que antes de darme cuenta ya había llegado a Santa Pau, y dejado atrás, las referencias recibidas.
Volví atrás y ahora si fui buscando cuidadosamente los desvíos, a fin de no prolongar la búsqueda de Batet, que es el nombre de la pedanía donde vivía Carmen, pero aquel día debía de estar especialmente torpe, o tal como pensé tantas veces después, aquella casa me estaba aguardando.
Yo debía de llegar a ella.
Al poco de dejar atrás una alameda, vi un desvío, era el tercero o el cuarto por el que pasaba, una casa de piedra junto a el y luego el camino proseguía ladera arriba.
Debí volver atrás cuando finalizó el camino asfaltado y empecé a rodar por una senda de tierra apisonada, pero la dificultad de la maniobra en tan estrecho lugar no me lo permitió, y seguí adelante pensando que en algún lugar encontraría espació suficiente para dar la vuelta al coche...
Y efectivamente así fue.
El camino concluía ante una explanada casi en lo alto de la colina, ocupada por dos edificaciones de piedra, una frente a otra...
El aspecto amable del lugar se veía subrayado por las flores que crecían espontáneas en unos setos a un lado y otro de la casa principal. Las paredes piedra volcánica, como la mayor parte de las casas de labranza de los alrededores, como la propia colina sobre la que se asentaba.
La que era la casa principal estaba como hundida en la roca, que a la espalda de la misma formaba una rugosa pared.
Construida aprovechando un desnivel de la roca, prácticamente fundida con el paisaje, abría sus puertas y ventanas a poniente, dando frente a la otra edificación que no era sino el pajar, amplio pajar destinado a almacenar las cosechas, y que se abría en un arco amplísimo, en una de sus paredes y tenía las otras tres ocupadas por muros de piedra volcánica, con el color chocolate propio de las casas de la Garrotxa
El lugar respiraba paz y tranquilidad, y un cierto halo de tristeza, con la tristeza que emana de todas las casas cerradas, abandonadas.
Descendí del coche, y mis pies hollaron una tierra a la que estaban destinados, o quizás era aquella tierra la que me estaba destinada...